Si no habla, cuidado…

Parece que otro modo de timo se ha instalado cerca de los cajeros automáticos contra todos aquellos incautos que se dejan embaucar por cualquiera.
La última víctima, una mujer de 32 años, se dirigió a uno de los dispensadores interiores de una sucursal y marcó su contraseña. Después, la cantidad a extraer. Ya la tenían vigilada y fue entonces cuando, antes de que saliera el dinero, los tres menores, pusieron en marcha el engaño. Mientras uno colocaba sobre el teclado tapando la ranura del dinero una carpeta con firmas para una falsa asociación de sordomudos, por el otro lado, otro de los niños la distraía tirándola del brazo y cogiendo el dinero justo cuando salió por la ranura.
En fin, no hay que fiarse de los niños, y menos si aparentan ser sordomudos.