Renovarse o morir

Uno de los pocos reductos que hasta hace poco tiempo se mantenían incólumes, libres de la colonización del dinero de plástico, eran los populares mercadillos ambulantes que uno o dos días por semana se instalan en pueblos y ciudades.
Las razones eran múltiples pero, básicamente, tecnológicas que que los terminales de pago tradicionales requería de una línea telefónica fija y de electricidad.
Hace unos años ese escollo se vio salvado por la aparición de los TPV inalámbricos, dotados de baterías autónomas y líneas telefónicas GPRS que les permiten operar en cualquier lugar.
Para los comerciantes, muchas veces suponía la pérdida de una venta si el cliente no llevaba metálico.
Ahora, eso ya no es un problema.