El revolving

Es una variante de las tarjetas de crédito tradicionales, pero se diferencian de éstas en el modo de pago: permiten el cobro aplazado mediante una cuota que, en muchos casos la puede establecer el propio titular en función de sus disponibilidades de amortización, como si de una cuenta de crédito se tratara, a diferencia de las tarjetas tradicionales, cuyo saldo deudor se cobran de una vez, generalmente a principio del mes siguiente a su disposición. En el fondo se trata de préstamos con intereses que pueden ir desde el 11% al 25%.

El uso de estas tarjetas puede elevar el riesgo de endeudamiento, pues el tipo de interés para este producto resulta mucho más costoso -hasta cuatro veces más, según la entidad bancaria que la emita- que un préstamo personal. A pesar de tratarse de un producto relativamente poco conocido, ya circulan en España más de 1.000.000 tarjetas revolving y las previsiones para los próximos años prevén un significativo aumento de esa cifra.

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